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Las tradiciones de la Feria de Abril de Sevilla
La Feria de Abril nació en 1847 como un humilde mercado de ganado impulsado por dos concejales que propusieron al Ayuntamiento de Sevilla recuperar una celebración que ya tenía raíces en el siglo XIII. Nadie podía imaginar entonces que aquel mercado con apenas 19 casetas se convertiría en una de las fiestas más reconocidas del mundo. Hoy son muchas las tradiciones de la Feria de Abril que los sevillanos seguimos pasando de generación en generación
¿Cuáles son las tradiciones típicas de la Feria de Abril?
La cena del Pescaíto
La Noche del Alumbrao, cuando empieza oficialmente la Feria, es muy común celebrar la Cena del Pescaíto. Las casetas abren sus puertas para recibir a socios y amigos con una cena a base de pescado frito. Calamares, boquerones, cazón en adobo… la cocina del Atlántico y del Guadalquivir en su versión más festiva
El origen de esta costumbre es relativamente moderno y bastante sencillo. La teoría más extendida sitúa su nacimiento en la época en que la Feria se trasladó al recinto de Los Remedios, en 1973. Los socios de las casetas, después de pasar el día decorando y preparando el espacio, aprovechaban para cenar juntos antes del Alumbrao con lo que tenían a mano: pescado frito, que aguanta bien sin refrigeración y resulta fácil de compartir. Poco a poco la costumbre se fue extendiendo hasta hacerse universal, pasando de las casetas a los bares del barrio y de los bares a los hogares.
Lo más curioso es que la cena del Pescaíto tiene protocolo propio: las mujeres no visten de flamenca todavía, ya que la Feria no ha comenzado oficialmente, y hay una elegancia más discreta, de chaqueta y vestido de noche. La fiesta empieza, pero con mesura.
El traje de flamenca
Pocos elementos de la Feria de Abril son tan reconocibles como el traje de flamenca. Vestidos largos y entallados, volantes en la falda y las mangas, colores vivos, flores en el pelo, pendientes grandes y, casi siempre, el estampado de lunares que se ha convertido en seña de identidad andaluza en todo el mundo. Pero el origen de este traje es mucho más humilde de lo que su actual glamour sugiere.

El vestido de flamenca nació en los campos andaluces. Era la ropa de trabajo de las mujeres campesinas y gitanas que acompañaban a los tratantes a las ferias de ganado a finales del siglo XIX: una bata práctica, fresca y cómoda, con volantes y bordados de colores que hacían las faenas más llevaderas. No estaba pensada para desfilar; simplemente, era cómoda y fresca bajo el sol de Andalucía. Dice la historia que estos vestidos llamaron la atención de las señoras de la alta sociedad, que empezaron a adoptar el traje y refinarlo con tejidos más caros y complementos más elaborados.
El traje de flamenca tiene además un rasgo único entre los trajes regionales de España: es el único que cambia cada año siguiendo las tendencias de la moda. Cada temporada, diseñadores de toda Andalucía presentan sus novedades en el SIMOF, el Salón Internacional de la Moda Flamenca, y es muy común se compren trajes nuevos cada pocos años para acompañar esas modas.
Las casetas privadas: la casa dentro de la casa
Quien visita la Feria por primera vez se suele llevar una sorpresa: la mayoría de las casetas son privadas. Cerca del 85% del recinto pertenece a familias, peñas, hermandades, asociaciones y empresas que las mantienen año tras año como si fueran una segunda casa, y entrar requiere invitación o conocer a algún socio.
Sin embargo, las casetas privadas son el alma de la Feria. Las casetas son el espacio íntimo y colectivo que Sevilla convierte en hogar durante una semana. Son el lugar donde una familia se reúne cada año o donde los amigos de siempre se ven por primera vez en meses.

Para quienes visitan Sevilla sin conocer a nadie, hay buenas noticias: existen casetas públicas gestionadas por el Ayuntamiento, los distritos de la ciudad, partidos políticos, sindicatos y entidades culturales, abiertas a cualquier persona. Son una puerta de entrada perfecta para vivir el ambiente del Real. Y siempre está la opción de disfrutar las calles del recinto, que de por sí son un espectáculo: caballos, trajes de flamenca, música y alegría.
La gastronomía y el rebujito
La Feria de Abril es también, en buena medida, una celebración gastronómica. Dentro de las casetas se come y se bebe con generosidad y sin prisas, siguiendo un ritmo que va del aperitivo de la mañana a los churros con chocolate de la madrugada. El repertorio es amplio y reconocible: jamón ibérico, queso, tortilla de patatas, gambas, montaditos…
Pero si hay una sola cosa que define el sabor de la Feria, esa es el rebujito. Esta mezcla de vino de manzanilla o fino con refresco de lima-limón servida con mucho hielo en jarras de litro es la bebida oficial del Real. Su origen es más reciente de lo que parece: la primera constancia documentada de esta mezcla se sitúa en la Feria del Corpus de Granada en los años 80, cuando un grupo de farmacéuticos que se quedó sin bebidas en su caseta, mezclaron unas botellas de vino de Jerez del año anterior con refresco para suavizar el sabor.
El invento funcionó, y a lo largo de los años 90 el rebujito se extendió a Sevilla y a todas las ferias y romerías de Andalucía occidental. Hoy es casi imposible imaginar la Feria sin él, aunque los más puristas siguen prefiriendo la manzanilla sola y bien fría.
La Calle del Infierno
Justo al lado del Real, pero con otro registro completamente distinto, se levanta cada año la Calle del Infierno: el mayor parque de atracciones efímero de España. Más de cien atracciones, a las que los sevillanos llamamos «cacharritos», llegan desde todos los puntos del país para instalarse en este espacio de decenas de miles de metros cuadrados que es el contrapunto festivo y familiar del Real.

El nombre tiene una explicación sencilla y sonora: el estruendo ensordecedor que generan cien atracciones funcionando al mismo tiempo. Tiovivos, norias, coches de choque, puestos de tiro, tómbolas y puestos de comida rápida convierten este espacio en el corazón de la Feria para los más pequeños, aunque los adultos no se quedan atrás.
Desde hace algunos años, la Calle del Infierno pierde su nombre durante algunas horas. Gracias a la iniciativa «Feria sin ruido», hay determinados momentos donde las atracciones funcionan sin música ni efectos sonoros, para que personas con neurodivergencia, dentro del espectro autista o con sensibilidad auditiva puedan disfrutarlas al máximo. Este año los horarios son de 16:00 a 19:00 el martes, jueves y viernes.
Los toros en la Maestranza
Desde el primer año de Feria, los toros y la fiesta han ido de la mano. El 17 de abril de 1847, un día antes de la inauguración de la primera Feria, ya se programó una corrida de toros. Y desde entonces la vinculación entre la Feria de Abril y la temporada taurina en la Real Maestranza no se ha interrumpido nunca.
La Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla es uno de los cosos más importantes del mundo. Su característica forma ovalada la hace única entre las plazas españolas, y su historia está ligada a los grandes nombres de la tauromaquia de todos los tiempos. Cada tarde de Feria, los principales espadas del escalafón se enfrentan a toros de prestigiosas ganaderías en una cita que los aficionados consideran de las más exigentes del año.
La temporada arranca el Domingo de Resurrección y durante la semana de Feria pueden celebrarse entre 18 y 28 espectáculos. Quien no sea aficionado puede igualmente visitar el museo de la Maestranza o simplemente admirar el edificio desde la orilla del Guadalquivir, donde la vista de la plaza desde el río es una de las estampas más clásicas de Sevilla.
Los fuegos artificiales
La Feria acaba como tiene que acabar: con un espectáculo de fuegos artificiales sobre el Guadalquivir en la madrugada del domingo. La historia de los fuegos en la Feria se remonta a 1864, cuando se celebraron los primeros. Desde entonces no ha habido una sola edición sin ese broche final.
Conocer el origen de las tradiciones de la Feria de Abril permite disfrutarla con otra dimensión: entender que el pescaíto no es solo una cena, que el traje de flamenca no es solo moda o que las casetas no son solo carpas con barra. Son rituales que tienen historia, que cambiaron con los años y que siguen vivos porque Sevilla sabe muy bien lo que vale lo suyo. Si quieres completar tu experiencia en la ciudad, nosotros te esperamos junto a la Torre del Oro para un paseo en barco por Sevilla.