Planes en Sevilla

El barrio de San Gil: historia y monumentos

Si hay un rincón de Sevilla capaz de concentrar siglos de historia en apenas unos metros, ese es el barrio de San Gil. Situado en el extremo norte del casco antiguo, junto al límite con el distrito de la Macarena, este barrio guarda algunos de los monumentos más impactantes y menos conocidos de la ciudad. Hoy desde Cruceros Torre del Oro te contamos todo lo que debes saber sobre este barrio.

Por qué visitar el barrio de San Gil

San Gil combina dos cosas que hacen irresistible a Sevilla: el peso de la historia y la autenticidad de un barrio que todavía vive al margen del turismo masivo. Sus calles, sus plazas y sus monumentos atraen a visitantes de todo el mundo, pero el ambiente sigue siendo el de un barrio con identidad propia. Los bares están pensados para los vecinos, los precios son más razonables que en el centro y la arquitectura te envuelve en cada esquina.

El barrio es también un punto de encuentro de estilos y épocas: aquí conviven la muralla almohade del siglo XII, las iglesias gótico-mudéjares medievales, la arquitectura neobarroca del siglo XX y el patrimonio industrial del XIX. Todo ello en un espacio que se puede recorrer a pie en pocas horas.

Qué ver en el barrio de San Gil

La Basílica de la Macarena

Pocas imágenes de Sevilla son tan reconocibles como la de la Virgen de la Esperanza Macarena. Su basílica, de estilo neobarroco y construida entre 1941 y 1949, es la sede de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza Macarena, y acoge a de miles de visitantes cada año.

La basílica, técnicamente denominada Basílica Menor de María Santísima de la Esperanza Macarena Coronada, se levantó en la calle Bécquer para convertirse en la sede definitiva de una hermandad con más de cuatro siglos de historia. En su interior, los frescos, la orfebrería procesional y la propia imagen mariana componen un conjunto de enorme valor artístico y devocional. Desde 2009, el edificio cuenta además con un museo donde el visitante puede recorrer la historia de la hermandad a través de sus elementos procesionales y litúrgicos.

foto de la basílica y el arco de la macarena

El Arco de la Macarena

El Arco de la Macarena, también conocido como Puerta de la Macarena es, junto al Postigo del Aceite y la Puerta de Córdoba, uno de los tres únicos accesos que se conservan de las antiguas murallas de la ciudad. Era la entrada principal desde el norte, la más importante y la más monumental de todas las puertas de Sevilla.

Su origen se remonta a los almorávides, aunque ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de los siglos. La configuración actual, con su gran arco enmarcado por pilatrones de gusto clasicista, es resultado de una reedificación llevada a cabo en 1795 por el arquitecto José Chamorro. En su parte superior luce desde 1923 un retablo cerámico de azulejos policromados con la imagen de la Virgen de la Esperanza, que refuerza el vínculo simbólico entre el arco y la hermandad cuya imagen lo cruza cada Viernes Santo.

Lo que quizás muchos desconocen es la enorme carga histórica de este arco: por aquí entraron en Sevilla reyes como Alfonso XI de Castilla en 1327, Isabel I en 1477, Fernando II de Aragón en 1508 o Carlos I junto a su prometida Isabel de Portugal en 1526. Era el acceso ceremonial por excelencia, el punto donde la ciudad recibía a sus visitantes más ilustres y les entregaba las llaves.

La muralla de Sevilla

Justo al lado del Arco, extendiéndose hacia el este, se encuentra uno de los tramos mejor conservados de la antigua muralla de Sevilla. Lo que hoy se puede admirar desde la calle Resolana es el resultado de sucesivas etapas constructivas: una obra iniciada por los almorávides en torno al siglo XII, reforzada posteriormente por los almohades y que llegó a tener en su momento de mayor esplendor siete kilómetros de perímetro, más de 160 torreones y hasta trece puertas de acceso.

El tramo que se conserva en San Gil, entre el Arco de la Macarena y la Puerta de Córdoba, incluye ocho torres rectangulares separadas entre sí unos cuarenta metros. Es uno de los pocos vestigios murarios auténticos que quedan en pie en toda España de este período, y fue declarado Monumento Nacional ya en 1908. Pasear junto a esta muralla es entender de una manera muy física por qué Sevilla fue, durante la Edad Media, considerada una de las ciudades mejor protegidas de Europa.

La Iglesia de San Gil

Adosada a la propia Basílica de la Macarena se encuentra la Iglesia de San Gil Abad, uno de los templos más antiguos de Sevilla. Su fundación se remonta a la segunda mitad del siglo XIII, casi inmediatamente después de la reconquista de la ciudad por Fernando III el Santo, siendo una de las iglesias llamadas «alfonsinas» por haber sido edificadas durante el reinado de Alfonso X el Sabio.

El templo, catalogado como Bien de Interés Cultural y considerado Monumento, pertenece al valioso grupo de iglesias gótico-mudéjares de Sevilla, ese estilo híbrido y genuinamente andaluz que mezcla la estructura gótica de arcos ojivales con la tradición artesanal mudéjar en materiales y decoración. De su época fundacional se conservan la cabecera, el tramo transversal y parte de la torre, con restos que algunos historiadores vinculan incluso a una mezquita preexistente.

La Torre de los Perdigones

A pocos pasos del conjunto formado por la basílica, el arco y la muralla, en la calle Resolana, se levanta una de las joyas más singulares e inesperadas del barrio: la Torre de los Perdigones. Construida en 1885 como parte de la antigua fundición de San Francisco de Paula, esta torre de ladrillo de casi 45 metros de altura era la pieza central de una fábrica dedicada a la producción de perdigones, balas y planchas de zinc. El plomo se fundía en hornos en la parte alta de la torre y caía por gravedad adoptando forma esférica al enfriarse: un ingenio industrial del siglo XIX que hoy resulta casi poético.

Tras décadas de abandono y varias fases de restauración, la torre fue recuperada para la ciudad y hoy funciona como mirador y cámara oscura, una de las pocas de este tipo que existen en el mundo. Desde sus 45 metros de altura se divisa uno de los panoramas más completos del casco histórico de Sevilla y su área metropolitana, con la Giralda, el Guadalquivir y la isla de la Cartuja como protagonistas del horizonte.

Rodea la torre el Parque de los Perdigones, un espacio verde con fuentes, zonas de paseo y jardines que resulta especialmente agradable en primavera y otoño. Un lugar que combina patrimonio industrial, vistas privilegiadas y un momento de descanso en medio de la visita al barrio.

Cómo visitar el barrio de San Gil

La mejor forma de llegar al Arco de la Macarena, punto de partida natural para recorrer todo este conjunto, es a bordo del bus turístico verde de Sevilla. El bus tiene parada justo frente al arco, lo que te permite bajar, explorar el barrio con calma y volver a subir cuando quieras para continuar el recorrido por el resto de la ciudad, ya que el ticket del bus turístico te permite bajar y subir todas las veces que quieras durante 48 horas.

Si buscas completar la experiencia, nuestro Pack Golden de Actividades en Sevilla combinan el autobús turístico con un paseo en barco por Sevilla, visitas guiadas por Triana y el barrio de Santa Cruz, espectáculo flamenco y visita guiada a la Plaza de España. Una forma cómoda y completa de descubrir Sevilla sin preocuparse de nada.