Planes en Sevilla

Monumentos que ya no están en Sevilla

Sevilla es una ciudad profundamente ligada a su pasado. Sus calles, plazas y monumentos conservan la huella de siglos de historia, aunque no todo lo que formó parte de su patrimonio ha llegado hasta nuestros días. A lo largo del tiempo, decisiones urbanísticas, necesidades sanitarias, cambios sociales y grandes transformaciones del siglo XIX y XX provocaron la desaparición de edificios y estructuras que fueron clave en la vida de la ciudad.

En este artículo repasamos algunos de los monumentos que ya no están en Sevilla, explicando qué eran, por qué fueron importantes y qué queda hoy de su memoria. Conocerlos nos ayuda a comprender mejor cómo ha evolucionado Sevilla hasta convertirse en la ciudad que disfrutamos hoy.

El Puente de Barcas

Durante siglos, antes de la construcción de puentes de piedra, Sevilla estuvo unida a Triana por el Puente de Barcas, una estructura flotante formada por embarcaciones alineadas y unidas entre sí. Este puente fue el primero de la ciudad, y único durante casi siete siglos, siendo esencial para la vida económica y social de la ciudad, permitiendo el paso de personas, animales y mercancías a través del Guadalquivir.

El Puente de Barcas tuvo un papel histórico destacado durante la Reconquista de Sevilla en 1248, cuando fue clave en las estrategias militares para la toma de la ciudad. Este puente fue sustituido por el Puente de Triana. Durante la construcción del mismo se trasladó, para después ser demolido.

Hoy no queda rastro físico del puente, pero su recuerdo forma parte inseparable de la historia fluvial de Sevilla.

representación de Sevilla en 1660 con el puente de barcas

La Pasarela del Prado de San Sebastián

Esta estructura dio nombre popular a todo el entorno, conocido aún hoy como “la Pasarela”, y funcionó como punto de conexión entre los barrios de Santa Cruz, San Bernardo y el Prado de San Sebastián, una zona clave en la Sevilla de finales del siglo XIX.

La Pasarela fue diseñada por el ingeniero Dionisio Pérez Tobía y se inauguró en 1896. Contaba con cuatro escaleras de acceso y un quiosco central ricamente iluminado, lo que la convertía en un elemento muy llamativo, especialmente durante las celebraciones. En aquellos años, la Feria de Abril se celebraba en el Prado de San Sebastián, por lo que esta pasarela actuó durante décadas como la portada permanente del recinto ferial.

En 1921, debido a las reformas urbanísticas y al ensanche de la zona, la estructura fue desmontada y vendida como chatarra. Años más tarde, en 1929, su lugar lo ocupó la Fuente de las Cuatro Estaciones, una obra de Manuel Delgado Brackenbury que aún hoy puede verse en este emblemático espacio de la ciudad.

foto de la antigua pasarela del prado

Palacio de los Sánchez-Dalp y Palacio del Marqués de Palomares

En la actual Plaza del Duque, uno de los espacios comerciales más transitados de Sevilla, se alzaban antiguos palacios señoriales que hoy han desaparecido. Entre ellos destacaba el Palacio de los Sánchez-Dalp, un edificio del siglo XIX que reflejaba el poder económico y social de la burguesía sevillana de la época.

El palacio fue derribado en 1968 para dar paso a nuevos usos comerciales, en un momento en el que la conservación del patrimonio histórico no tenía la prioridad que posee hoy. Algo similar ocurrió con el Palacio del Marqués de Palomares, otra construcción nobiliaria que acabó desapareciendo dentro del proceso de transformación del centro urbano.

Estas pérdidas marcaron un punto de inflexión en la conciencia patrimonial de la ciudad, ya que supusieron la desaparición de ejemplos destacados de la arquitectura civil sevillana del siglo XIX.

foto antigua del palacio de los sanchez dalp

Los Caños de Carmona

Los Caños de Carmona fueron uno de los sistemas de abastecimiento de agua más importantes de la Sevilla histórica. De origen romano, este acueducto llevaba agua desde los manantiales de Alcalá de Guadaíra hasta el interior de la ciudad, cruzando campos y entrando por la Puerta de Carmona.

Durante siglos, los Caños de Carmona fueron esenciales para el suministro de fuentes públicas, conventos, huertas y palacios. Sin embargo, a comienzos del siglo XX, la expansión urbana y la modernización del sistema de aguas provocaron su progresivo derribo, iniciado en 1912.

Hoy solo se conservan algunos restos aislados, integrados en el entorno urbano, como testimonio de una de las grandes infraestructuras hidráulicas del pasado sevillano.

foto antigua de los caños de carmona en sevilla

El Instituto de Higiene de Sevilla

Este edificio neoclásico se levantaba en la calle Marqués de Paradas, en el lugar que hoy ocupa un centro de salud, y fue propiedad del doctor Leopoldo Murga Machado, fundador del Instituto de Higiene de Sevilla.

Construido entre 1905 y 1907 por el arquitecto Francisco Franco Pineda, el inmueble estaba inspirado en la arquitectura clásica, con una clara referencia al Museo Británico, y fue concebido como un espacio multifuncional que albergaba residencia, clínica, laboratorios y dependencias científicas. Murga fue una figura clave de la radiología en España a comienzos del siglo XX, pionero en Sevilla y uno de los impulsores de la Sociedad Española de Radiología. Paradójicamente, falleció a causa de las secuelas derivadas de la exposición a los rayos X.

El edificio se organizaba en varios espacios especializados: la nave central estaba dedicada a laboratorios y consultas, mientras que los pabellones laterales acogían las áreas de electroterapia e hidroterapia. El conjunto se completaba con un jardín decorado con esculturas alegóricas sobre la higiene y los baños, obras del escultor sevillano Adolfo López Rodríguez.

Tras su cierre en 1938, el instituto quedó abandonado durante años y finalmente fue derribado en 1958, sin que se valorara su restauración ni la conservación de sus elementos artísticos, incluidas las esculturas del jardín, que se perdieron definitivamente.

foto del antiguo instituto de higiene de Sevilla

El Túmulo del Rey Felipe II

Tras la muerte de Felipe II, Sevilla levantó un monumental túmulo funerario dentro de la Catedral para rendir homenaje al monarca. Este túmulo, de carácter efímero, fue una impresionante estructura cargada de simbolismo, esculturas alegóricas y arquitectura teatral, propia de las grandes exequias reales del Renacimiento.

El monumento fue tan impactante que inspiró textos literarios de la época, entre ellos un célebre soneto atribuido a Miguel de Cervantes. Como muchas construcciones ceremoniales, el túmulo fue desmontado tras los actos funerarios, desapareciendo sin dejar restos físicos.

grabado del túmulo del rey felipe II

La Sevilla que ya no existe

La desaparición de estos monumentos nos recuerda que Sevilla es una ciudad viva, en constante transformación. Algunas pérdidas hoy se consideran irreparables, pero también han contribuido a generar una mayor conciencia sobre la protección del patrimonio histórico.

Aunque estos edificios ya no estén en pie, su memoria sigue formando parte del relato de la ciudad y ayuda a entender su evolución urbana, social y cultural.

El río Guadalquivir ha sido testigo de todos estos cambios. A lo largo de sus orillas se levantaron puentes, pasarelas, muros defensivos y edificios hoy desaparecidos. Con nuestros paseos en barco por Sevilla, podrás descubrir, desde el agua, la historia que ha moldeado la ciudad a lo largo de los siglos.