Ronin: El samurái y el Guadalquivir

El autor de la novela “Rónin: Honor, venganza y destino. La leyenda del samurái azotado por el viento” , Francisco Norla, nunca pudo imaginar el impacto y repercusión que tendría su novela, sobre un samurai, enviado a Sevilla.

Francisco Norla empezó a investigar sobre aquella expedición japonesa que llegó al Guadalquivir y se dió cuenta de que se trataba de un entorno incomparable, enmarcado en las batallas de Flandes, en  el Siglo de Oro, en las grandes travesías marinas, en las cecas de Sudamérica, en tantos y tantísimos elementos atractivos para una novela.

En el año 1614, una embajada japonesa llegó a España dirigida por el samurai Hasekura Tsunenaga con la intención de llegar a Roma para ver al Papa y pedir protección para los católicos japoneses. En el siglo XVI, San Francisco Javier cristianizó algunas tierras de Japón, China y, sobre todo, India. En el subcontinente asiático todavía quedan muchas iglesias católicas fundadas por el Papa navarro.

En el siglo XVII, los católicos de esas tierras, siempre en minoría, sufrieron presiones y agresiones para abandonar su religión. La delegación japonesa emprendió un largo viaje para que el Santo Padre les protegiese. La respuesta no debió ser la esperada porque a la vuelta de la entrevista, muchos japoneses católicos decidieron quedarse en Coria del Río, rico puerto en el Guadalquivir.

Cuenta la historia de un samurái azotado por el viento y el militar español curtido en las campañas de Flandes. Dos personajes en principio antagónicos: uno lucha por el honor, el otro por el dinero. Terminan uniendo sus destinos y trabando una amistad épica.

La historia se desarrolla en tierras lejanas, Japón, Flandes, pero también en nuestra querida ciudad y nuestro río. Que fue testigo de esta historia de los hechos que ahora, podemos leer en esta novela.

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